Esta pregunta, hace unos años,
tendría una clara respuesta: para trabajar en aquello que deseo, dedicarme a
algo que me gusta y ganar suficiente dinero como para no tener que sufrir para
llegar a fin de mes.
Bien, si se nos pregunta ahora
mismo, estamos en el lugar adecuado para poder aportar una respuesta
radicalmente distinta. No sólo se terminan los estudios con pocas previsiones
de futuro, sino que seguramente el empleo que encontremos, si lo encontramos,
estará poco o nada relacionado con nuestros deseos personales. Hoy día en
España es lo más común que un joven que termina bachillerato inicie unos
estudios universitarios, sin analizar la realidad del mercado. El exministro Ángel
Gabilondo señaló en 2010: "Hay más
estudiantes de Derecho en Madrid que en todo el Reino Unido". En esta sociedad, entre los jóvenes, parece
que está mal visto no estudiar una carrera si se han obtenido buenas notas en
bachillerato. Pues bien, cuando el estudiante español finaliza sus estudios
universitarios se encuentra con un mercado laboral infestado de personal igual
o mejor formado y cualificado, y sin embargo, en paro.
¿Para qué sirven los estudios? Habrá quien responda: para nada,
terminaremos trabajando como camareros, o en cadenas de montaje, o trabajando
en el negocio familiar, para lo que no era necesario pasar cuatro, cinco o seis
años formándose en la facultad.
Yo opino algo diferente a estos puntos de vista. Los conocimientos
adquiridos durante una educación superior, diplomatura, licenciatura,
ingeniería, son muy útiles para desenvolvernos en el día a día, en la vida
cotidiana, aunque no lo parezca a simple vista. La resolución de problemas, la
superación de barreras y la capacidad de analizar y solventar dilemas que se
adquiere mediante el estudio y el conocimiento es siempre positiva. La
capacidad que se adquiere en la Universidad para la relación con personas
completamente ajenas y diferentes a uno mismo, y no sólo eso, sino colaborar y
buscar un fin común a personas radicalmente opuestas son algunas de las
barreras que se superan durante esta etapa.
Si bien no obtendremos el trabajo de nuestros sueños (esperemos que algún día podamos cumplir nuestros objetivos, al menos a medio-largo plazo), al menos hemos mejorado nuestra visión del mundo, aceptando y compartiendo vivencias, elementos y adoptando posturas que seguramente antes no compartiéramos. La formación integral de la persona es lo primero, y creo que estos años lo favorecen inmensamente
Fuentes consultadas:
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